Primavera del 2009, ciudad de la moda, en la bella Italia. Mi entonces novio, hoy mi marido, y yo habíamos viajado unos días a visitar a una amiga que disfrutaba de una beca Erasmus. 

Aquella noche estábamos invitados a una fiesta multicultural, un grupo encantador de jóvenes estudiantes, en un ambiente igualmente encantador, nos acogía como si fuéramos uno más de ellos. Entre turcos, italianos, rusos y otros españoles, conocimos a un malagueño… No podía imaginar entonces que aquél muchacho tan agradable y hablador se convertiría en mi cuñado tan solo unos meses más tarde, y que sería uno de mis mejores amigos y la mitad de este proyecto:                    

ParadigmáticaMENTE.

¿Qué es ParadigmáticaMENTE?

Empecemos por explicarte que significa para nosotros. Pensar y desarrollar esta web ha representado la libertad de decidir. Pero claro, esto lo hacemos con la ilusión de encontrar a alguien del otro lado. Alguien abierto a recibir, al que poder aportar algo diferente de verdadero valor. 

Nos conmueve la educación. Es un pilar fundamental del ser humano. La misma siempre está activa, en continua transformación. Y ahora se encuentra en un proceso de efervescencia. Es fácil darse cuenta de esto, cuando comprobamos que los planes de educación chocan con el carácter y las capacidades de las nuevas generaciones.

Nos apasiona, de la misma forma, una crianza responsable, en la que el proceso de aprendizaje sea natural y deje a los más pequeños espacio para desarrollarse individualmente y para descubrirse y descubrir el mundo sin limitaciones.  

Nuestro compromiso es estar a tu lado en el difícil camino de la crianza y educación de tus hijos. Te ofrecemos comprensión y escucha, que es algo vital en esta andadura, y la información necesaria, contrastada y accesible, con la idea de que no te falten herramientas para llegar a ser un padre presente, consecuente y abundante.

Déjame contarte una historia. Prometo que será corta.

Cuando era pequeño solía tener un pensamiento que no he escuchado jamás explicar a nadie. Lo guardaba en secreto, avergonzándome de una visión tan individualista (hasta egoísta, pensaba) del mundo.

Y es que mi idea de la sociedad era que la misma tomaba la función de una multitudinaria compañía de teatro y tanto los que me rodeaban como los que no (las personas que aparecían en la TV o en los periódicos), interpretaban un papel para mí. Yo era el único espectador de la obra. Tenía 8 ó 9 años.

Tiempo después, me impresionó una película cuyo argumento giraba alrededor de mi percepción íntima de la infancia. Por supuesto, estoy hablando de ‘El Show de Truman’, con Jim Carrey. La emoción me toma cada vez que Carrey escapa del plató gigante.

 

Hoy sé que aquel sentimiento no tenía que ver con el egoísmo sino con la inadaptación. No creo ser especial, únicamente más sensible que la media. Y por ello, pensaba que no existía un lugar en el mundo para mí, al igual que no existe para una pieza de puzzle con 5 salientes, la cual lucha por encajar en algún entrante.

Para mí es bastante personal lo que acabo de narrar. Creo habérselo contado a tan sólo una persona. Ahora, también tú lo conoces.

Lo he hecho empujado por aquel sentimiento doloroso llamado inadaptación y por la acción redentora que supone abrirse y liberar. Quizás hayas sentido ese peso. Si es así sabrás lo mucho que cuesta acarrearlo y lo difícil que resulta trascenderlo.

Pero la inadaptación es sólo una cara de la moneda. La otra recibe el nombre de inconformismo y esa ha representado un motor de vida, nunca una carga. Sobre todo últimamente, cuando me ha impulsado a hacer grandes cosas.

El inconformismo me ha llevado, por ejemplo, a abrir este blog junto a una persona afín, a pensar mi presentación durante el tiempo justo para aceptar mis motivos y a terminar acatando que lo que debía contar en esta definición sui generis de mí mismo, tenía su origen en una historia a recaudo de mi corazón desde hacía casi 30 años.

Al fin a y a la postre, lo que duele son precisamente esos años perdidos sin haber tomado responsabilidad de mi misión. Tres décadas de falta de creatividad que llegan ahora a su término, volteadas por una fuerza de voluntad regenerada y por un amor propio reconquistado.

Es tremendamente emotivo que estés leyendo estas líneas y participando de mi renacimiento.

Gracias por ser testigo. Deseo profundamente que disfrutes de nuestra web.

Un fuerte abrazo.

José Alberto Camacho

Quisiera hablarte brévemente de mí, para que así sepas quién se dirige a ti en estas líneas.  

Siempre fui una niña, una hija, una amiga, una alumna dócil, temerosa e incapaz de alzar la voz para hacerme escuchar, comprender y respetar. Jamás pensé, ni siquiera me atreví a fantasear con la idea de ir contracorriente, imponer mi voluntad o mi criterio, hasta el mismo día en que di a luz a mi primer hijo.

No me reconozco.

Dejé todo lo que había hecho hasta entonces y me dediqué a criar a mi niño, desde las entrañas, conectando con él, con sus necesidades, con mi naturaleza y la sabiduría ancestral de la que todos nosotros somos portadores. 

Fue entonces, cuando me reencontré con mi niñez.

Recordé, comprendí y perdoné aquello que no me supieron o no me pudieron dar. Sobra decir que no estoy hablando de lo material sino de lo «vital». Obvié respetuosamente, y lo sigo haciendo, comentarios y opiniones sectarias sin mala intención sí, pero peligrosamente dañinas, que me alejan de mi nuevo propósito en la vida, el de criar, educar y amar a mis hijos como ellos merecen y necesitan. Y me voy a armar de las herramientas necesarias para ello, porque voy desprovista de recursos en esta andadura.

Sé lo que conlleva esta decisión, pero estoy segura de que vale la pena.

Pudiera parecer que este es un camino en solitario pero, ¿sabes? me alegra decirte que no es así, está concurrido por transeúntes llenos de energía, y buenas intenciones, con ganas de dar fuerza y apoyo. Intercambiar conocimiento y experiencia. Se respira un aire nuevo y esperanzador.

Aquí fue dónde encontré a mi socio, amigo y por siempre, cuñado, al que ya has podido conocer, unas líneas más arriba.

Me gustaría que encontraras en esta web ese lugar dónde cargar las pilas, encontrar apoyo y acompañamiento siempre que lo necesites. Espero que te sientas como en casa. 

Gracias de todo corazón por dedicar unos minutos de tu tiempo a leer estas líneas.

MaryLuz Rojas

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