La decisión más importante de mi vida

La decisión más importante de mi vida

Es algo que me gustaría inculcarles a mis hijos, pues ellos también merecen saber que tienen el derecho de tomarla. No quiero que sean marionetas sin alma, sino seres humanos libres y felices.

En nuestro día a día, lamentablemente, nos dejamos guiar por terceros o por lo que socialmente está bien visto. Es ceder demasiado; perder nuestra independencia. Pero nos pasa a todos: somos fáciles de convencer. No oponemos resistencia.

Sólo hay una forma de combatir el control externo. Y es mirando en nuestro interior. Yo lo he hecho y he encontrado allí mi responsabilidad. Estaba escondida. Representó un gran esfuerzo hallarla, es cierto, pero cualquiera de nosotros puede (y debe) ir en pos de la suya. No es imprescindible ser alguien «especial».

Según mi opinión, esto es lo más trascendente que podrás hacer mientras aún respires. De corazón lo creo. Y por eso lo escribo hoy aquí.

Me apetecía hacerlo en el primer post del blog. Y sencillamente me ha salido, no he tenido que forzarlo. Porque pienso llevaba muchos años sin encontrarme y ya es hora de que recupere las riendas.

Por supuesto, no se trata sólo de tomar tu responsabilidad un día y olvidarte de ella; sino hacer uso de ella en todas las circunstancias. Todas. Desde el momento en el que te levantas, hasta el instante en que coges el sueño. Hacerte responsable de todos y cada uno de los aspectos de tu vida. Desde lo que dices, a lo que haces, pasando por ser tú quien controla tus pensamientos, y no a la inversa.

«La iluminación no es más que alcanzar un estado en el que no cedamos a nada ni nadie la más ínfima brizna de nuestro inmenso poder»

Fíjate, últimamente pienso que la iluminación no es más que esto: alcanzar un estado en el que no cedamos a nada ni nadie la más ínfima brizna de nuestro inmenso poder.

Puede dar miedo. Date cuenta que variables como el azar o el destino carecen en este punto de la más mínima importancia. Pues se trata, también, de ser responsables de crear nuestra realidad. Has leído bien, crearla. No sólo vivirla o sufrirla. Ser creadores de lo que nos llega a cada paso. Y si fallamos en nuestra creación no juzgarnos, no desprestigiarnos, pues tenemos más oportunidades de acertar.

Aunque tampoco quejarnos de «la mala suerte» o «la fatalidad» si aquello que viene no nos agrada, puesto que, de alguna forma, es consecuencia directa de nuestro mal proceder, el haber recibido esas vivencias (y no otras más positivas).

Lo anterior tal vez suene excesivamente metafísico o falto de consideración. Pero si no realizamos este ejercicio, pienso que no sabremos nunca lo que representa ser un humano pleno. Único.

He determinado avanzar por el camino que culmina en una honorable meta: convertirme en ese humano. Estoy orgulloso por haber alcanzado esta determinación. La misma es digna de ser perseguida, puesto que nuestra verdadera patria somos nosotros mismos.

Y ahora es un gran momento para empezar a recorrer la senda más necesaria de todas. De hecho, creo que es el mejor momento posible.

Por ello, ¿te comprometes a crear, en este preciso instante, una nueva realidad con la total responsabilidad de una persona libre?

José Alberto Camacho

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