Padre rico, padre pobre o cómo un libro de finanzas cambió nuestras vidas

Padre rico, padre pobre o cómo un libro de finanzas cambió nuestras vidas

Un libro imprescindible que nos hizo ver la vida con otros ojos, transformando para siempre la forma en que gestionamos nuestra economía personal. 

Fue amor a primera vista. Ya habíamos oído hablar de él y no estábamos dispuestos a dejar pasar ni un día más sin leer su libro más conocido. El autor era lo suficientemente distinto como para llamar nuestra atención. Hawaiano de ascendencia japonesa, perteneciente a la clase media, hijo de un profesor universitario y un ama de casa. Su nombre, Robert Kiyosaki.

En los 90 se convirtió en un inversor inmobiliario famoso en los EE.UU. y se jubiló a los 37 años como millonario. Su obra más célebre, Padre rico, padre pobre, con 26 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, traducido a 40 idiomas y publicado en 80 países, lo consagran como uno de los autores vivos más leídos.Pero, ¿merecen tanto la pena sus páginas como indican sus estratosféricas cifras de ventas?

Aquí te damos nuestra opinión.

En primer lugar, aunque sólo fuese por la valiosa educación financiera que comparte, con un lenguaje comprensible para el público menos ducho en economía, sería una lectura muy útil. Pero además, esta va supeditada a conseguir la libertad financiera y eso es algo cada vez más apreciado en nuestros días y por lo que nos enganchó.

Y estamos seguros de que a ti también te enganchará. Como a los otros casi treinta millones de terrícolas que lo han leído.

Otro de sus puntos fuertes es que da una explicación sencilla sobre qué es activo y qué pasivo. Y baja a la tierra estos dos términos para definir como activo todo lo que mete dinero en tu bolsillo y pasivo lo que lo saca. Así de simple. Conclusión: intenta poseer gran cantidad de los primeros y poca (ninguna es imposible) de los segundos.

Sigamos. Kiyosaki introduce un concepto que sin ser el más original, ayuda a abrirnos los ojos. Este es el de la carrera de la rata. Nos dice que así puede denominarse la vida de las clases media y baja: trabajan mucho para conseguir dinero, que justo después de ganarlo, ya tiene destino de gasto, y vuelve de esta forma el bucle a retroalimentarse.

Aquí se cumple una máxima, sin asesoramiento adecuado, gastaremos en proporción a lo que ingresemos, o dicho de otra forma: a mayor sueldo, más gasto (por eso los ascensos y aumentos nos sirven para bien poco). La carrera de la rata sería algo así como la zanahoria para el burro de la fábula: por mucho que corra el pobre animal, su alimento favorito siempre estará a un palmo de su boca. ¿Es lo suficientemente gráfica esta metáfora?

Los ricos sin embargo, no trabajan por dinero, sino para hacer que el dinero trabaje para ellos. Invierten su dinero, no lo gastan así como así. El autor nos aconseja cómo hacer esto, recurriendo a fuentes de ingresos diversificadas (no pongas todos los huevos en la misma cesta; pero esto ya lo sabemos, ¿o no?). Pero éstas no pueden requerir excesiva atención o esfuerzo para mantenerlas, sólo nuestra inteligencia y un trabajo inicial para ponerlas en marcha.

Desde pequeñitos nos han dicho que nadie nace sabiendo, así que para ganar experiencia en lo anterior: aprende, lee, estudia, analiza y sobre todo actúa. La acción contrarresta los pensamientos negativos de tu mente boicoteadora, la deja sin argumentos para cortocircuitarte. Primero pequeños actos, luego más grandes, como es lógico.

Y, por supuesto, busca consejo de gente que sepa de finanzas, huye de los agoreros. ¡Sí, todos los conocemos! son los que profetizan que tal o cual negocio o emprendimiento no va a prosperar, no porque trabajen en banca o sean videntes, sino porque son pesimistas por naturaleza. 

En este momento de la Historia y en esta parte del mundo, las oportunidades de conseguir dinero, más allá de un empleo por cuenta ajena, son muchísimas. Sólo tienes que despertar tu «gen financiero» (nos lo acabamos de inventar, pero, ¿a que queda guay?) o potenciar tu inteligencia financiera.

¡Pero anda, no hemos hablado nada del título del libro!

Según argumenta Kiyosaki, él tuvo dos padres. El biológico, profesor de la Universidad de Hawai, analítico, culto y teórico, que le inculcó amor, pero no supo enseñarle nada de economía básica. Este sería su padre pobre. Se vio obligado a rehipotecar la casa familiar por culpa de un negocio fallido y disponía de un sueldo que pese a las subidas del gobierno y a su ascenso a catedrático, a duras penas le permitía cubrir los gastos comunes. Su concepto de los ricos era, por ser blandos, un tanto beligerante. Suyas eran frases del tipo: «Pobre, pero honrado», «El dinero corrompe» o «Los ricos son la lacra de esta sociedad». ¿Te suenan? Déjanos adivinarlo: ¿tú también las has escuchado en casa, en tu infancia, verdad?

Es gracioso, pero desde niños nos programan para que odiemos tanto al dinero como a los que lo poseen en grandes cantidades. Piénsalo: ¿cómo vamos a estar desahogados económicamente, si odiamos desde nuestra más tierna infancia aquello que se supone pretendemos alcanzar?

Este tema, el de la psicología del dinero, es apasionante, pero también extensísimo, y no es la finalidad de este artículo tratarlo en profundidad. Si te interesa (la verdad que a cualquiera puede interesarle, puesto que la mayoría tenemos problemas económicos y todos estamos obligados a convivir con el dinero a diario), nuestro mini curso sobre crianza y educación, tiene dos módulos exclusivos para él (pincha aquí para recibirlo gratuitamente).

Pero ahora estamos con Padre rico, padre pobre. Prosigamos… la cosa se pone interesante.

El «segundo» padre de Kiyosaki era en realidad el de su mejor amigo. Siendo ellos unos niños, el padre rico comenzaba a despuntar en los negocios locales. En la juventud del autor, el empresario, del que no da el nombre (luego hablaremos sobre esto), consiguió llegar a ser uno de los hombres más ricos de Hawai. Todo ello sin ninguna educación formal, de forma diversa al padre de Robert, quien finalizó una licenciatura y un doctorado (lo cual no le sirvió para sacudirse las estrecheces, como hemos visto). Y aquí viene lo maravilloso, pues el padre rico comenzó a dar lecciones de finanzas y dirección de empresas tanto a su hijo como a Kiyosaki.

¡Qué suerte si a nosotros nos hubiesen guiado de ese modo desde la adolescencia, no tendríamos problemas económicos! Así cualquiera, pensarás. Y quizás también: Kiyosaki ya no tendría más impedimentos financieros en su vida, sería rico, como su padre de adopción. Si ese es tu pensamiento, déjanos decirte que te equivocas, pues los tuvo, y graves… pero para saber cómo fue esto posible, tendrás que leerte el libro… Ir más allá podría considerarse un spoiler y no estamos por la labor.

Luego están, claro, los puntos menos favorables a la causa Kiyosakiana (otra invención, sorry). El primero de ellos, su forma de abordar las leyes impositivas. Algunos de sus críticos, arguyen que es muy simplista en el apartado de los impuestos y nos transmite la sensación, al concluir el libro, de que los ricos del primer mundo, o bien pagan poquísimos impuestos o ninguno.

Evidentemente esto no es cierto. Al menos no lo es en parte. Bien es sabido que los ricos, valiéndose de herramientas legales (las otras, si las hubiere, no vamos a considerarlas aquí), consiguen exenciones parciales o buen trato fiscal. Aunque el sentido de poner de manifiesto esto es positivista, puesto que según el autor, simplemente conociendo algo de fiscalidad, podríamos utilizar las leyes en nuestro favor. Y esto es bastante plausible y aceptado. No se trata de defraudar (algo fuera de cualquier ética personal medianamente trabajada) sino de optimizar recursos, y en este punto podemos estar de acuerdo con Kiyosaki.

Acercándonos ya casi al final del post, es hora de tocar la cuestión más controvertida de Padre rico, padre pobre. Y esta no es otra que la existencia o no del padre rico. Es decir, ¿vivió realmente este empresario o fue una argucia literaria usada por el autor?

Los opositores nos dicen que de haber existido, sería conocido por los medios de comunicación de la isla del Pacífico y añaden que muy al contrario, nadie allí escuchó hablar nunca de tal magnate. Bien, punto para ellos. Esto era fácil de comprobar.

Pero nosotros nos preguntamos, ¿es necesario que esa persona tenga un DNI para hacer más convincente el texto? Todos los consejos del libro (y son innumerables) no perderían un ápice de frescura y autenticidad en el caso de que el padre rico hubiese habitado únicamente en la imaginación de Robert Kiyosaki. Serían de igual manera útiles y convenientes.

Ten en cuenta que nadie hasta la llegada del autor estadounidense, se había planteado la escritura de una obra tan amena, que tratase un tema tan hermético para el público medio como el de las finanzas vistas desde el interior de los grandes negocios. Por todo ello, nuestra respuesta a esta acusación no es otra que recordar aquella frase de Confucio que dice: «Cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo».

Personalmente, debemos mucho a este libro y a Kiyosaki. Como te decíamos al principio, consiguió cambiar nuestra forma de pensar y nos hizo analizar nuestras finanzas. Desde su lectura intentamos aplicar los principios que contiene, junto con los de otros libros que ya te iremos descubriendo en el blog. Somos más libres financieramente hablando y ese es primer paso hacia la libertad personal.

Y recuerda: todo lo que hay ahí fuera está cambiando vertiginosamente, así que el que consiga adaptarse mejor a la transformación será más feliz y no sufrirá (o sufrirá menos), bajo el peso de una nueva e imparable sociedad.

Esperamos que este post te haya gustado. Si es así, por favor comenta o comparte. Así ganamos todos.

NOTA: El enlace del libro que ponemos es un link de afiliado. Es decir, la empresa de venta nos da un pequeño porcentaje por ir de nuestra parte. A ti no te incrementarán el precio si decides comprarlo. Queríamos explicártelo para establecer una relación de confianza. Nunca te recomendaríamos algo que previamente no hubiésemos probado o supiésemos que no es un buen producto.

ParadigmáticaMENTE

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